En un mundo globalizado las diferencias entre clases son más acuciantes que nunca. Se lucha desde diferentes estamentos para que esas diferencias se vean reducidas, con el objetivo de que quien menos tiene pueda vivir con dignidad. En los países desarrollados, como es el caso de España, el deporte y concretamente el fútbol se antoja como una válvula de escape para los problemas cotidianos. El fútbol mueve a un gran número de intereses financieros, por este motivo, el mercado gestiona un montante económico muy alto, pagando los presidentes de los clubs auténticas barbaridades por los hacerse con los servicios de los jugadores “estrellas”. Ciertos presidentes, si el dinero fuese de su bolsillo, no harían tales inversiones suicidas. Pero lo que es indiscutible es que si no se hacen fichajes y el dinero no se mueve, nadie sale beneficiado. Ser presidente de fútbol sin obtener beneficios no tiene interés alguno.
El mercado del fútbol es un mercado donde existen enormes deudas financieras, incluso entre los propios clubs, clubs que prácticamente están en la ruina más absoluta, que de ser una empresa privada ya habrían quebrado hace tiempo, pero al ser un mercado mediático las instituciones públicas avalan a estos “empresarios volátiles”, asumiendo deudas con el dinero público. La gran pregunta en nuestra región sería ¿es rentable para Cantabria, y más concretamente para Santander, el esfuerzo que se realiza desde las administraciones públicas para mantener un equipo de fútbol?
La sociedad está asumiendo de forma natural y sin sonrojos que los clubs destinen 94 o 60 o 30 millones de euros por un jugador de fútbol, y que además se les paguen fichas astronómicas. Por el otro lado, choca frontalmente con las imágenes que vemos todos los días en los telediarios junto antes de los deportes, gente desnutrida, sin los servicios mínimos para mantenerse con vida. Pero lo más triste es que lo hemos asumido como una circunstancia normal y lógica, hasta el punto de estar incrustado en nuestra cultura cotidiana. Está claro que entre todos, en cierta forma, estamos fomentando este despilfarro y esta diferencia de clases; como ejemplo, los programas del corazón, que nadie los ve pero todo el mundo está enterado de los últimos rumores acaecidos entre los “famosillos”, personajes que reciben por parte de las cadenas de televisión auténticos dinerales por el mero hecho de contar diferentes anécdotas sobre su vida privada. Pero no olvidemos de que si los canales pagan esas cantidades es porque nosotros estamos detrás de la gran pantalla, creando entre todos la sociedad de la farándula.
En el fútbol la “diferencia de clases” está marcada por los presupuestos de los equipos y, por consiguiente, por los salarios astronómicos de los futbolistas. Esa “diferencia” se reduce a cero cuando los protagonistas se encuentran en un terreno de juego, once contra once, cara a cara, que los que no somos millonarios llamamos “la vida real”, donde todos están en las mismas condiciones. En esta circunstancia vemos que los “poderosos” no pueden con los “pobres”, como pudimos constatar en la eliminación de los “galácticos” del Real Madrid a manos de un equipo de segunda división B. Afortunadamente, los sueños se hacen realidad, imponiéndose las ganas de triunfar y la fortaleza mental a los miles de euros. El resultado es una auténtica lección para la actual sociedad donde la realidad de la vida real, en este caso el terreno de juego, se ve reflejado en los sueños fuera de él. Cuando un colectivo está unido, luchando por los mismos objetivos, las matemáticas fallan y es cuando uno más uno no son dos, es siempre más de dos, porque al resultado de la suma de fuerzas hay que sumarle las sinergias que se producen. Debemos reflexionar y plantearnos qué sociedad queremos para nosotros y para los nuestros, y como dejar de potenciar la “diferencia de clases”. Dentro de la sociedad que soñamos, todos sus individuos tienen que tener las mismas oportunidades, con sus derechos y obligaciones, y dentro de estas últimas entran los jugadores que vienen desde otro país, quienes deben de tributar igual que cualquier trabajador nacional, porque un jugador de fútbol no aporta el valor añadido que busca España para tener una economía sostenible basada en la investigación, desarrollo e innovación.
Pero debemos tener cuidado en no ser cómplices de una demagogia barata. Lo realmente importante es que nuestro país emerja con fuerza y con unas bases sólidas y estables, pero para eso debemos de tener las vías abiertas para que científicos, médicos, investigadores,… que vienen de otros países encuentren un entorno favorable para que nuestro país obtenga un beneficio claro, que repercuta directamente en la vida de las personas, y no solo en los bolsillos de algunos.
Archivado bajo: General | Etiquetado: clases, diferencias, futbol, madrid | Deja un Comentario »

